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BILOGÍA EQUILIBRIO

ABRIL 2019 

¡¡YA DISPONIBLE!!


Novena (Old Edition)

 

La alianza

(Conclusión de la bilogía Equilibrio)

Todos los derechos reservados

Copyright © de la obra: Van García, 2020

 

Proximamente


  

Capítulo 1

 

 

Juro que no soy mala, pero los voy a matar a todos. 

Descanso apoyando mi peso en las cadenas que me rodean las muñecas sobre la cabeza. Sin fuerzas para levantarla, observo mi cuerpo desnudo, los volúmenes exagerados de las costillas, la piel grisácea cubierta de heridas y sangre seca. Recorro con la mirada mis piernas, piel y hueso, hasta llegar a mis pies encadenados y rodeados por casi todo mi pelo. Solo unos mechones escasos de un pelo que ya no puedo reconocer como mío, aún caen hasta la cintura.

Me fuerzo para soportar mi peso sobre las piernas ante el eco de unos pasos. Levanto la cara a la habitación oscura de paredes desnudas, la comparto solo con mis excrementos y el olor fétido que se ha aliviado desde la última vez, cuando me partieron la nariz.

La puerta de hierro se abre con un chirrido, un hombre se acerca a mí. Dos metros de puro músculo, el último que han asignado para vigilarme. No sé en qué lugar del mundo estoy, no sé quién me tiene capturada y no sé qué quieren de mí. Lo único que sé, es que hace mucho frío y que tienen un acento melódico estrangulado por la fuerza.

—Al fin puedes abrir los ojos —dice con la voz amortiguada por el trapo que le cubre la boca—, pensé que nunca podríamos empezar.

Se remanga el jersey y tenso los músculos Intento encoger las piernas cuando una patada me alcanza las rodillas, imposible con las cadenas. Aprieto la mandíbula, no voy a gritar. No. Quieren que use toda mi energía, pero ya no puedo. Me he desconectado del mundo y no sé cómo volver a encontrar la conexión.

Escupo un sollozo cuando me alcanza con un puño en las costillas. Antes de poder respirar, me levanta la cara, me observa un momento y me estampa un puñetazo. No soporto el peso de mi cuerpo cuando abro la boca para dejar salir la sangre y algo más, un diente menos y no es el primero. Me concentro en respirar, tengo que seguir haciéndolo. 

—Vamos, monstruo. ¡Reacciona de una puta vez! —grita.

Da unos pasos hacia mí, vuelve a levantar el brazo pero un estruendo hace vibrar las paredes. Me balanceo colgando de las cadenas, hay otra explosión y gritos. 

Me encojo cuando la puerta se desploma y una honda de energía atraviesa la habitación, el hombre que me golpeaba se estrella contra la pared. No consigo enfocar su cuerpo lánguido.

Las cadenas empiezan a titilar con mi cuerpo, lucho contra el peso de mi cabeza para erguirme cuando alguien arrastra el cuerpo y unas piernas se detienen frente a mí. Una mano enguantada me alza la cara con cuidado, solo enfoco la vista en dos puntos plateados.

—¿De dónde procedes? —pregunta mientras los gritos continúan y lucho por mantener los ojos abiertos—. ¿De dónde procedes? —insiste—. ¡Desatadla! —ordena ante mi silencio.

Sé que me sujetan. Sé que me liberan de las cadenas y sé que me tumban en el suelo mientras me encojo cuando siento un pinchazo en el cuello, energía, me han inyectado energía, esa mierda que llevo odiando desde que la usé para defenderme en este maldito lugar. A pesar de todo, mi cuerpo cae rendido ante su calidez y el dolor se aplaca.

Alguien se agacha a mi lado y vuelven los puntos plateados llenos de luz.

—¿De dónde procedes? —pregunta con el acento melódico que conozco pero su tono no es fuerte sino frío—. ¿De qué  isla vienes? —repite.

—Falansteria —balbuceo, me extraña el propio sonido de mi voz ronca.

—Lleváosla a la central —dice al ponerse de pie—, apartada de los demás y que la

atiendan de inmediato. ¡Ya!

No puedo quitarme la sensación de la energía impregnando mi alrededor mientras me liberan y me llevan al exterior sobre una camilla. El aire gélido me araña la piel y la presión me aplasta el cuerpo cuando mi vista desenfocada me muestra lo único hermoso que he visto en estas tierras: árboles. Grandes ramas que esconden el cielo tras ellas, pero todo se desvanece en cuanto me pegan algo en el entrecejo. Una fuerte descarga de energía se proyecta en mi cabeza, demasiado para controlarla y todo mi cuerpo empieza a convulsionarse. 

 


 

 

Capítulo 2

 

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que tomé conciencia. Me han cubierto con una túnica y lo único que sé es que estoy sujeta con energía a una silla en medio de una sala vacía, tardo un momento en dejar de ver las paredes oscuras ondularse. Tengo el cuerpo entumecido y no me quedan fuerzas para intentar liberarme. 

El ruido de la puerta al abrirse me sorprende. Un hombre entra, esos ojos ya los había visto antes, es imposible olvidarme de su color plata pero esta vez no brillan tanto. Se acerca a mí y me aferro a la silla. Me mira de arriba abajo despacio, analizando las heridas de mis brazos, me observa la cara sin cruzar su mirada con la mía hasta que sus ojos apuntan a mi cabeza. Sus fosas nasales se dilatan, el músculo de su mandíbula se mueve, pero sigue en silencio. A pesar de sus ojeras, no parece mucho mayor que yo. Intento buscar esa vejez escondida por la energía, pero no la encuentro, lo que sí puedo ver son esas líneas que inundan mi cuerpo, heridas curadas. Tiene algunas en la cara y en el cuello, casi imperceptibles, también las tienen sus manos lacias a cada lado de su cuerpo. Su uniforme negro no deja mucho más al descubierto. De repente, cuadra los hombros y se gira observando la pared a su espalda y me fijo en el corte de su pelo, tiene el pelo claro atado en la parte superior de la cabeza, en la nuca rapada se dibujan formas extrañas sobre su piel y se ocultan bajo su chaqueta. Gira sobre sí y por fin me mira a los ojos. 

—Háblame de Falansteria —su voz es profunda, y aunque su tono es suave, me cuesta demasiado encontrar mi voz. 

No me aparta la mirada en ningún momento y vuelve a aparecer el músculo de su mandíbula. Da unos pasaos hacia mí y se agacha hasta la altura de mi cara apoyando las manos a cada lado de la silla.

—Tienes dos opciones: el camino fácil o el difícil.

Mis labios se despegan con dificultad, él baja la mirada y asiente, lo intento pero solo puedo emitir un gorjeo.  Cierro la boca con una quemazón en la garganta. 

—De acuerdo —dice agachando la cabeza.

Se da la vuelta y golpea con el puño varias veces la pared que tiene detrás. Se acaricia el puño que acaba de usar cuando se ilumina la pared por completo y se desvanece en partículas en el aire. Detrás, observando toda la escena, se encuentran cuatro personas de pie. Un hombre con la piel oscura vestido con un traje verde del mismo tono y una capa lavanda, da un paso hacia delante. 

—No tienes por qué alargar esta situación, pero sino colaboras solo será el principio. Háblanos de Falansteria.

Abro la boca de nuevo, un alambre de espino parece envolverme la garganta. no consigo hablar. Un instante después, una descarga hace que me convulsione sobre la silla, la energía que me recorre es fría y me agujerea la piel.

«Puedo soportarlo, puedo soportarlo».

—Te encuentras en situación ilegal en estas tierras.

Eso es lo que aquí soy, una ilegal. 

La energía se desvanece con lentitud, pero siento pequeñas descargas eléctricas en mi cabeza, no tengo fuerzas, no puedo mover los labios ni siquiera controlo la saliva en mi boca. Sacudo la cabeza.

—¿Procedes de la isla Falansteria? —Ahora, es una mujer la que se adelanta a los demás— ¿Qué ha ocurrido?

Atacamos la Cúpula, quiero decirle que tuvimos que huir cuando entendimos que no podíamos hacer nada contra ellos. Los abandoné para buscar ayuda. 

Aquella mujer se acerca, su pelo blanco y liso le oculta uno de sus intensos ojos negros cuando se agacha hasta mí y pasa un dedo por mi brazo. A su paso mi piel se va abriendo en una raja que sangra, no puedo evitar soltar un quejido. ¿Qué clase de control sobre la energía tienen? Sus pies se alejan sin preguntarme nada más y otros se acercan. 

Alzo la cabeza hacia un hombre con el rostro cubierto de sombras.

—Háblanos de la Cúpula.

Aquello sí que me descoloca. «La Cúpula… Cómo saben…». A penas me da la oportunidad de responder cuando posa su mano en mi mejilla. De repente, mi cabeza se desplaza hacia el respaldo de la silla con violencia, siento un fuerte golpe de energía que me entumece todo el rostro. No se ha movido ni inmutado, mi cabeza cuelga y el dolor empieza a recorrer el lugar donde ese hombre ha posado su mano, la boca me sabe a sangre. 

Otros pies se ponen frente a mí.

—¿Cómo conseguiste salir de la isla? —pregunta una voz femenina.

Aunque quiera contestar, ya no me quedan fuerzas para hacerlo. Escupo la sangre que inunda mi boca salpicando sus zapatos inmaculados. Aquella mujer me levanta la cabeza con un dedo en la barbilla y la garganta me empieza a arder, intento gritar, liberarme, pero por más que fuerce a mis músculos para moverlos, no lo hacen.

—Es suficiente, vuelva a su sitio —la interrumpe el de piel oscura, el que sin duda está al mando.

Levanto los ojos despacio. El de ojos plateados está de espaldas a mí, sin observar la escena. Cuando los pasos de la mujer se alejan de mí, se gira y viene hasta mí de nuevo. 

—¿Qué ha ocurrido en Falansteria? —pregunta e intento enfocarlo—. ¡Habla! —grita golpeando con sus palmas los posa brazos de la silla.

Ellos no saben nada de mí, pero parece que soy una amenaza, quizá el lugar del que procedo así les parece. Puede que tenga ventaja o puede que de otro modo, no consiga sobrevivir. Ignoro las grietas que parecen formarse en mi garganta, los pinchazos que la atraviesan y el sonido ronco que emito hasta que lo consigo.

—Guerra —logro balbucear.


 

 

CONTINUARÁ

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