El inconsciente como arquitecto del mundo fantástico


CAPÍTULO 2

de la SERIE ESPECIAL: Psicología y escritura fantástica: de la mente al mundo


¿De dónde vienen realmente los mundos de fantasía? No, no solo del esfuerzo consciente, los mapas y las horas frente al teclado. Vienen de un lugar más profundo, más antiguo, más misterioso: el inconsciente. Ese rincón de la mente donde las ideas no se piensan, sino que emergen. Como si ya estuvieran allí, esperando ser descubiertas.

Si alguna vez te ha pasado que un personaje «cobra vida solo» o que una escena aparece completa en tu cabeza mientras lavas los platos, ya sabes de lo que hablo. Es el inconsciente trabajando, creando en silencio. Y como escritor o escritora de fantasía, aprender a escucharlo —y colaborar con él— puede cambiar por completo tu forma de narrar.


Imagina que escribir fantasía no es tanto inventar como excavar. Tu inconsciente es ese terreno rico en símbolos, imágenes, miedos y deseos que aún no tienen nombre. Cuando escribes, lo que haces es ir desenterrando fragmentos de ese territorio mental y dándoles forma consciente.

Muchos grandes escritores de lo fantástico lo intuían: Lovecraft hablaba de “horrores primigenios que habitan más allá del velo de lo racional”, Ursula K. Le Guin escribió sobre el “inconsciente como fuente creativa” y Tolkien reconocía que su legendarium estaba profundamente influenciado por sus sueños y obsesiones. No es casualidad.

Mientras la mente racional busca estructuras, esquemas y lógica, el inconsciente se comunica con símbolos. Los dragones no son solo dragones. Representan lo salvaje, lo prohibido, lo ancestral. Las puertas mágicas no son simplemente portales: son umbrales psicológicos. Cruzarlas, en el fondo, es cambiar de estado mental.

Como escritor de fantasía, puedes entrenarte para escuchar estos símbolos. No solo preguntes «¿qué pasa ahora?», sino: ¿qué está queriendo decir esta imagen? ¿Qué me dice este objeto, este ser, este paisaje que se me ha aparecido de pronto en la historia?

Y ojo: no necesitas hacer psicoanálisis para escribir bien. Pero un poco de atención simbólica puede enriquecer tus mundos de formas que ni te imaginas.

Los sueños son el playground del inconsciente. Son mundos de fantasía que tu mente genera cada noche, sin esfuerzo consciente, sin necesidad de “construcción de worldbuilding”. Todo está allí: reglas mágicas, criaturas imposibles, paisajes oníricos, emociones intensas.

Toma nota: si sueñas, escribe tus sueños. Aunque parezcan absurdos. Aunque no tengan sentido narrativo. Lo que estás haciendo es crear un canal directo entre el inconsciente y la escritura. Con el tiempo, verás que elementos de esos sueños empiezan a colarse, casi sin que lo planees, en tus historias.

Muchos escritores luchan con el síndrome del control. Quieren planificar cada escena, cada giro, cada diálogo. Y está bien planificar —la estructura narrativa es vital—, pero deja espacio para que lo inesperado aparezca.

Esos momentos en los que escribes una línea que no tenías prevista, y sin embargo encaja como una pieza perdida… son regalos del inconsciente. Agradécelos. Anímalos. Invítalos a volver.

La creatividad más poderosa no viene de obligar a la mente a producir, sino de permitirle jugar.

Haz este ejercicio la próxima vez que te sientas bloqueado o quieras empezar un nuevo proyecto fantástico:

  1. Apaga todo (sí, incluso el Wi-Fi).
  2. Pon una música instrumental que evoque un estado emocional (melancolía, asombro, inquietud…).
  3. Cierra los ojos y visualiza que bajas una escalera a un lugar subterráneo: tu mente inconsciente.
  4. Pregúntate: ¿Qué criatura vive aquí? ¿Qué paisaje lo rodea? ¿Qué desea? ¿Qué teme?
  5. Abre los ojos y escribe sin censura durante 10 minutos.

No todo será útil, pero algo va a encenderse. Y ese algo puede ser el núcleo simbólico de una historia entera.


La fantasía no es solo un género. Es una forma de conectar con lo que está más allá de la superficie, con lo que somos cuando no estamos siendo racionales. Escribir desde el inconsciente no es perder el control: es ampliarlo.

Deja que el inconsciente no solo alimente tu creatividad, sino que arquitecte tus mundos desde dentro, como un demiurgo silencioso. Porque si aprendes a escucharlo, te mostrará historias que nunca podrías haber imaginado conscientemente.

Y eso, créeme, es magia narrativa de la buena.


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