CAPÍTULO 3
de la SERIE ESPECIAL: Psicología y escritura fantástica: de la mente al mundo
“Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas. Pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana.”
— Carl G. Jung
¿Por qué algunos personajes se nos graban en la mente? ¿Tienen un truco narrativo? ¿Están mejor escritos? Puede que sí. Pero, sobre todo, conectan con algo más profundo: los arquetipos, esas figuras universales que todos llevamos en el inconsciente colectivo, según Carl Jung.
En este artículo, vamos a desenterrar los secretos junguianos para que tus personajes de fantasía no solo funcionen… sino que resuenen en el alma del lector.

Arquetipos: mucho más que clichés reciclados
Los arquetipos no son clichés. Un arquetipo es una figura o energía que todos llevamos dentro. Estructuras simbólicas universales que habitan nuestra psique: el héroe, el mentor, la sombra… Y cuando aparece en la ficción, la reconocemos sin esfuerzo.
Según Jung, los arquetipos no son personajes literarios, sino patrones psicológicos del inconsciente colectivo. Se repiten en mitos, sueños y leyendas de todas las culturas porque representan partes esenciales de la experiencia humana. Y sí, también en novelas, cómics y sagas épicas.
Usarlos no significa repetir fórmulas, sino conectar con lo esencial.
Los 7 arquetipos junguianos clave (y cómo usarlos sin caer en el cliché)
- El Héroe
No es solo quien salva el día. Es quien lucha contra sus propios miedos internos. No escribas héroes perfectos; escribe héroes con sombra (de eso hablamos en un momento).
Ejemplo: Frodo, que no es fuerte ni brillante, pero resiste la oscuridad hasta el final. - El Mentor
No solo guía. También arrastra un pasado y guarda secretos.
Ejemplo: Gandalf, sabio pero no transparente. - El Guardián del umbral
Esa figura que prueba al héroe. A veces parece un enemigo, pero su función es hacer crecer.
Ejemplo: el dragón que custodia la cueva… o ese maestro borde que te obliga a enfrentarte a ti mismo. - El Embaucador (Trickster)
Crea caos, incomoda, rompe reglas. Pero cuidado: suele traer la verdad disfrazada de broma.
Ejemplo: Loki, claro. Pero también personajes tipo Deadpool. - La Sombra
No es solo el villano: es lo que el héroe reprime de sí mismo. Lo que no quiere ver… pero necesita integrar.
Ejemplo: Darth Vader no solo es el enemigo: es el posible destino de Luke. - El Aliado
No solo está para acompañar: su presencia refleja una parte del héroe que aún no ha emergido.
Ejemplo: Sam representa la perseverancia que Frodo teme no tener. - El Anima/Animus
La energía femenina en el hombre, o masculina en la mujer. No es necesariamente romántico: es un símbolo de completitud interna.
Ejemplo: Galadriel, no como objeto de deseo, sino como espejo espiritual.

¿Qué es la sombra junguiana y por qué te interesa?
Jung decía que la sombra es todo lo que no queremos ver de nosotros mismos. Ese rincón mental donde guardamos lo que no aceptamos de nosotros: odio, rabia, deseo, miedo al poder… y más. Cuando proyectamos esa sombra en otros, nacen los villanos.
¿Lo interesante? Un buen antagonista es una versión distorsionada del protagonista. No el mal por el mal. Sino una posibilidad interna rechazada.
Ejercicio rápido
Piensa en tu protagonista. Ahora hazte estas preguntas:
- ¿Qué teme ser tu protagonista?
- ¿Qué cree que jamás haría? ¿Qué rechaza?
- ¿Y si eso tomara forma en un personaje distinto?
¡Voilà! Acabas de crear una sombra narrativa.
El viaje del héroe es un viaje al inconsciente
Joseph Campbell, muy inspirado por Jung, habló del monomito: el viaje del héroe que atraviesa umbrales, enfrenta pruebas y regresa transformado.
¿La clave? Cada etapa del viaje tiene un reflejo interno: cruzar una puerta es aceptar un cambio, vencer al dragón es integrar la sombra, volver al hogar es renacer. Es un viaje dentro del alma.
No es solo una estructura narrativa. Es una estructura psicológica. Tus lectores lo reconocen, lo han vivido, y lo necesitan. Solo que lo hacen en forma de historia.
Conecta con lo atemporal
Los arquetipos no están pasados de moda. Están grabados en nuestra biología simbólica. Usarlos es hablarle al lector con un lenguaje que no necesita traducción.
Tus personajes no necesitan ser únicos. Necesitan ser auténticos, y resonar con lo que el lector ya intuye, siente o teme. Los mejores personajes no son los más originales. Son los que conectan con lo más profundo de nosotros, aunque no sepamos por qué.
Usar arquetipos y sombras no es copiar fórmulas: es usar un lenguaje que todos entendemos sin palabras.
Así que la próxima vez que diseñes un personaje, no pienses solo en su rol en la trama. Pregúntate:
¿Qué parte del lector está tocando? ¿Qué sombra está despertando? ¿Qué mito está reviviendo?

¿Y ahora qué?
En el próximo capítulo, vamos a bucear en el poder narrativo del trauma. Porque las heridas no solo hacen daño, también son portales hacia historias profundas y personajes memorables.
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