Un año escribiendo en silencio: aprendizajes de una escritora que sigue

Lecciones de fin de año sobre escribir sin publicar y seguir adelante

Llegamos a la última entrada del 2025. El fin de año trae consigo una costumbre curiosa, mirar atrás. No solo para contar los logros u objetivos conseguidos, también para revisar lo que pasó en silencio. Y en el caso de quienes escribimos y buscamos un hueco en el misterioso y loco upside down de los libros1, ese silencio pesa más de lo que admitimos.

Esta entrada no es una celebración de éxito editorial, ni una lista de “cómo publiqué mi libro en 6 meses”. Es otra cosa. Es el recuento honesto de un año escribiendo sin aplausos, sin contratos, sin portadas. Un año de teclado, cuadernos, notas en el móvil y muchas dudas.
Si eres escritora o escritor y el fin del 2025 te encuentra con textos guardados, proyectos a medias y una sensación extraña de avance invisible, quédate, probablemente aquí encuentres algo que también aprendiste, aunque no lo hayas nombrado así.

Esto ha sido algo que me he repetido constantemente este año, estoy segura de que seguiré haciéndolo. Es difícil de aceptar. Durante meses sentí que escribir sin publicar era como correr en una cinta, mucho esfuerzo, ningún paisaje nuevo. Pero no. En el fondo, sé que escribir sin publicar es entrenar la mirada, la voz y la resistencia. El texto que nadie lee hoy, es el que te permite escribir mejor mañana. Aunque cueste creerlo en diciembre.

Aprendí que no escribir todos los días no me convertía en una impostora. Hubo semanas brillantes y semanas mudas. Días de dos páginas y días de una sola frase. La constancia real fue volver, incluso después de desaparecer. Consejo de fin de año no solicitado: deja de compararte con rutinas ajenas. Tu proceso no es defectuoso solo porque es irregular.

Este año entendí que el cansancio no siempre viene de escribir mucho, sino de exigirse demasiado. De querer que cada texto sea “el bueno”. De cargar cada palabra con expectativas editoriales imaginarias. Escribir también necesita descanso, reposar lo escrito. Y descansar no te aleja de la escritura, a veces te devuelve a ella con menos miedo y con más ganas.

Spoiler de fin de año: no desapareció. Pero aprendí a no dejar que decida por mí. Escribí con miedo. Dudé. Pensé que no era suficiente. Y aun así, seguí. Consejo realista: no esperes sentirte “legítima” para escribir. La escritura suele llegar antes que la confianza, no después.

Este año confirmé algo importante, las redes pueden inspirar, pero también erosionar. Comparar mi “proceso invisible” con el “resultado visible” de otras fue una fuente constante de ansiedad. Aprendizaje de cierre de año: no estás llegando tarde, estás llegando por tu propio camino. Silenciar ciertas comparaciones también es autocuidado creativo. Aunque cueste.

Hubo momentos personales difíciles este año. Días en los que escribir no resolvía nada, pero acompañaba. Y eso fue suficiente. Si este fin de año sientes que escribir fue tu refugio silencioso, aunque no haya resultados visibles, eso también cuenta. Mucho.

Fue miedo. Fue cansancio. Fue querer hacerlo bien en lugar de hacerlo. Este año entendí que muchas veces el bloqueo se va con permiso, no con presión. Permítete escribir versiones malas, escríbelas rápido, escríbelas sin intención de quedarte con ellas, pero escribe y el flow volverá.

Leí consejos, técnicas, hilos interminables. Algunos ayudaron. Pero lo que realmente me enseñó fue sentarme y escribir, equivocarme y volver a intentar. El fin de año es buen momento para recordar que ningún consejo sustituye a la experiencia directa aunque ayude mucho.

Esta enseñanza merece repetirse. No publicar este año no me quitó la identidad de escritora. No me dejó a medias. Me dejó en proceso. Y el proceso, aunque no se vea en un currículum, se siente en cada historia que hoy escribo con más claridad que hace un año.

No quiero prometerme escribir una novela, ganar premios o publicar sí o sí.
Quiero escribir con menos autoexigencia y disfrutar. Quiero escuchar lo que insiste. Quiero seguir, incluso cuando nadie esté mirando. Ese es mi cierre de año como escritora que no ha publicado. Y también mi forma de abrir el siguiente. Voy a seguir aunque sea la única en ver mis pasos.

Si llegaste hasta aquí y te reconociste en algo de todo esto, déjame decirte que no estás atrasada, no estás fallando, no estás sola. Estás escribiendo. Y a veces, eso es lo único que realmente importa.

Que este fin de año no sea un juicio, sino un capítulo más. Porque muchas historias, incluida la tuya, todavía se están escribiendo.

  1. Mundo editorial tradicional 😉 ↩︎

Deja un comentario