El síndrome de la impostora: cuando sientes que no eres suficiente


Autorretrato ©Van G.

A esto le llaman el síndrome de la impostora.
Y en el mundo aesthetic de Instagram, donde todo parece épico, profesional y visualmente perfecto, este síndrome se amplifica. Sí, toca lloradita mientras lo intentamos.

El síndrome de la impostora es la sensación de no merecer los logros propios, de haber llegado por suerte y de que, tarde o temprano, alguien descubrirá que no eres tan buena como aparentas.
No tiene que ver con la capacidad real. De hecho, suele afectar a personas exigentes, creativas y comprometidas.
A veces es porque el género que escribimos está históricamente cuestionado, se percibe como menos serio dentro del mundo literario, también influye que en Instagram se expone constantemente comparaciones o que el proceso creativo es largo, solitario y lleno de dudas.

Es el caldo de cultivo perfecto para la inseguridad y los miedos. Estos sí que no nos dejan solas. Son súper cuquis.

Instagram es una herramienta maravillosa para conectar, pero también es un escaparate cuidadosamente editado. Vemos portadas espectaculares, cifras de ventas, contratos editoriales, fotos profesionales… pero no vemos los borradores descartados, los rechazos ni las noches de bloqueo.
El cerebro no compara procesos, compara resultados.

Y esa comparación activa algo muy peligroso y a nos invaden esas afirmaciones de mi$rd@ como Yo voy más lenta, Mi historia no es tan original, Seguro que lo mío es mediocre.

El síndrome de la impostora no nace del fracaso, sino de la comparación constante. Y sí, nos podrán decir mil veces que cada uno tiene su camino, que no te compares pero…

Muchas escritoras de fantasía tienen una imaginación poderosa y un mundo interno muy rico. Precisamente por eso, la brecha entre lo que imaginan y lo que logran escribir puede ser frustrante. A veces, imaginamos algo brutal, lo trasladamos al texto y bueno, ya lo retocaremos (o lo borraremos).
¿Y eso que pasa cuando releemos lo que escribimos ayer? Cuando empiezan a asaltarnos sin ningún tipo de pudor pensamientos que lo flipan (para mal) demasiado con nuestras idas de olla. Y ya ahí… Ese día casi es mejor cerrar el portátil o darle la razón a esos pensamientos intrusivos y seguir escribiendo mierda.

Hay una frase que escucho mucho en autoras noveles: Es que yo no soy escritora de verdad o Yo no soy escritora.

¿Y qué define a una escritora de verdad?
¿Publicar con editorial? ¿Vender miles de copias? ¿Tener una comunidad grande?

Desde la psicología, el síndrome de la impostora se sostiene sobre una creencia central, el valor depende de validación externa. Pero la identidad creativa no nace cuando alguien te legitima. Nace cuando decides sostener tu vocación incluso en la duda. Eres escritora porque escribes. Aunque tengas miedo. Aunque estés aprendiendo. Aunque todavía no tengas resultados visibles.



Curiosamente, muchas protagonistas new adult comparten esta herida, no sentirse suficientes, no sentirse elegidas, dudar de su poder. No es casualidad. Es proyección.
A veces escribimos desde nuestra inseguridad. Y eso no es un defecto, es material narrativo. El problema surge cuando la inseguridad no se transforma, sino que nos bloquea. Reconocer el síndrome no lo elimina, pero le quita poder.

No se trata de pensar positivo, sino de practicar consciencia, por ejemplo, separa hechos de interpretaciones, reduce el consumo comparativo en redes cuando notes ansiedad, celebra procesos, no solo resultados y comparte vulnerabilidad con otras autoras.

La impostora se fortalece en silencio. Se debilita en comunidad.

Escribir fantasía new adult en un mundo que a veces la subestima es un acto valiente. Crear mundos cuando el tuyo interno está lleno de dudas es un acto de resistencia. No necesitas sentirte segura todo el tiempo para ser legítima. Necesitas seguir escribiendo incluso cuando la inseguridad aparece. La diferencia entre una escritora impostora y una escritora real no es el talento. Es la decisión de continuar.

Si alguna vez has sentido que no mereces llamarte escritora, quiero decirte algo con absoluta claridad, la duda no invalida tu vocación. La inseguridad no anula tu talento. Y el miedo no te convierte en fraude.
Tal vez no te sientas “lo bastante” todavía. Pero estás en proceso. Y escribir, incluso con miedo, sigue siendo escribir.

Y a pesar de todo lo que acabo de decir, tengo que confesar que soy incapaz de llamarme escritora, aunque llevo años haciéndolo y voy a seguir escribiendo historias el resto de mi vida.

Y tú, ¿alguna vez has sentido que no eres escritora de verdad?



Si esta entrada te ha tocado, compártela con esa autora que ahora mismo está dudando en silencio. A veces lo más transformador no es un contrato editorial, sino saber que no estás sola.

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