Antes esperaban, ahora ellas prenden fuego al mundo

En los noventa, las protagonistas de la literatura juvenil empezaban a reclamar espacio propio, aunque todavía dentro de marcos bastante reconocibles. Ahí está Harry… pero también está Hermione. Aunque no fuera la elegida, Hermione Granger en Harry Potter y la piedra filosofal marcó a toda una generación demostrando que la chica lista, disciplinada y valiente podía ser imprescindible para salvar el mundo. En paralelo, la fantasía épica juvenil ofrecía heroínas como Alanna en Alanna: la guerrera, muy recomendada para los más jóvenes pero en España está descatalogada, sí, tristeza. Aunque el primer libro salió en los 80, la saga fue muy leída en los 90 y marcó a muchas lectoras. Va sobre una chica que se hacía pasar por chico para convertirse en caballero, metáfora directa de lo que muchas lectoras sentían entonces, que para acceder al poder había que disfrazarse.

En los 90, las protagonistas aún no incendiaban sistemas distópicos, pero sí comenzaron a estudiar más, cuestionar más y narrarse a sí mismas. Fue el primer paso, dejar de ser secundarias en la aventura para empezar a protagonizarla.

Si los noventa quitaron el pestillo, los 2000 empujaron las puertas y las abrieron de par en par, aunque no siempre en la misma dirección. La década estuvo marcada por un fenómeno romántico que arrasó en España, Bella Swan en Crepúsculo. Bella era introspectiva, sensible y centrada en el amor, su identidad giraba en torno a Edward y a la elección romántica. Muchas lectoras se reconocieron en esa intensidad emocional, pero también empezaron a cuestionarla: ¿por qué ella parecía dispuesta a renunciar a todo por amor? En paralelo, sagas como Cazadores de sombras: Ciudad de hueso nos presentaban a Clary Fray, que si bien también vivía un romance potente, empezaba a implicarse más en la acción, a entrenar, a luchar y a tomar decisiones que afectaban al rumbo de la historia.


Y entonces llegó el punto de inflexión: Katniss Everdeen en Los juegos del hambre. Con ella, la protagonista ya no era solo el corazón de la historia, sino su conciencia política. Katniss no lucha por amor —o no solo—, sino por supervivencia, por su familia y contra un sistema injusto. Frente a la chica que esperaba ser elegida, aparece la que se ofrece voluntaria. En apenas una década, la literatura juvenil pasó de romantizar la entrega absoluta a empezar a celebrar la autonomía, la rabia y la capacidad de cambiar el mundo. Muchas lectoras crecieron, literalmente, al ritmo de esa transformación y esto produjo el gran cambio en la literatura «juvenil», fue el nacimiento oficial en España de lo que sería el young adult, new adult y el perfil de este tipo de protagonistas. No aceptamos un paso atrás, aunque todavía hay que trabajar en eso de la categorización en el marketing y librerías.

Si los 2000 nos dejaron a Katniss apuntando con el arco, los 2010 la multiplicaron. Aquí ya vamos con todo. On fire total. Me encantó esta década, que sí, fue ayer, casi, pero es que se publicaron grandes historias y las ditopías lo retaron, y yo soy muy fan de ellas. La fantasía juvenil y new adult explotó en popularidad en España y las protagonistas dejaron claro que no solo sobrevivían, gobernaban, se equivocaban, deseaban y lideraban. Feyre en Una corte de rosas y espinas ya no es una chica que espera ser salvada, sino alguien que atraviesa trauma, aprende a usar su poder y redefine el amor en sus propios términos. ¡ACOTAR se publicó en España en 2016! Madre mía, cómo pasa el tiempo, ahora que caigo, 10 años llevamos esperando… (Elain & Azriel siempre). Lo mismo ocurre con Celaena Sardothien en Trono de cristal, asesina, estratega, vulnerable y feroz a la vez. Las heroínas podían ser contradictorias, ambiciosas e incluso moralmente grises y eso, para muchas lectoras jóvenes, fue una revolución.

En paralelo, la distopía y la fantasía épica siguieron apostando por chicas que no eran símbolo sino acción, Tris en Divergente o Mare en La reina roja encarnan esa tensión entre sistema y libertad, identidad y poder. Mientras, el romance evolucionaba hacia relaciones donde el consentimiento, el deseo femenino y la ambición personal empezaban a ocupar el centro. En los 2010, la protagonista ya no pedía permiso para ser fuerte, ni para enamorarse, ni para fallar. Eran complejas y esa complejidad conectó con una generación que ya no quería cuentos donde la chica fuera el premio, sino la protagonista absoluta de su propia historia.

Echo de menos esta época y sus historias, menos mal que siempre podemos acercarnos a nuestra estantería, sacar el libro y volver a abrirlo. Cosica buena que tiene leer. En fin, sigo que me lio.

La década de 2020 llegó con pandemia, redes sociales en ebullición y el fenómeno #booktok convirtiendo sagas en superventas en cuestión de días. En ese escaparate global, las protagonistas femeninas ya no solo luchan contra reinos o dictaduras, también gestionan trauma, deseo, ambición y salud mental sin pedir disculpas. Violet Sorrengail en Alas de sangre es físicamente frágil pero intelectualmente brillante, su fortaleza no está en la invulnerabilidad, sino en la resiliencia. Poppy en De sangre y cenizas cuestiona las normas que la han criado y decide qué hacer con su cuerpo y su poder. Ya no hablamos de heroínas perfectas, hablamos de chicas que dudan, desean y aun así avanzan.

Al mismo tiempo, el romance contemporáneo que arrasa entre lectoras jóvenes —como el de Lily en Romper el círculo, reviralizado en esta década— pone el foco en relaciones tóxicas, límites y autoestima. La protagonista actual no solo se enfrenta a monstruos externos, sino que aprende a irse cuando algo duele. Si miramos atrás, desde la chica que giraba en torno al amor hasta la que lo elige (o lo deja), el cambio es evidente.


Quizá lo más bonito de esta última década es que muchas lectoras han crecido al mismo tiempo que sus heroínas. Las chicas que una vez soñaron con vampiros eternos hoy subrayan escenas donde una protagonista pone límites, elige su vocación por encima del romance o decide amar sin desaparecer. En la fantasía y el romance young adult o new adult actuales, las mujeres no solo empuñan espadas o gobiernan reinos, se permiten ser ambiciosas, contradictorias, vulnerables y poderosas a la vez. Y en cada página leída, compartida y recomendada en redes hay algo más que entretenimiento, hay una conversación colectiva sobre quiénes somos y quiénes queremos ser. Lo que se escribe hoy, no deja de ser un reflejo de quiénes somos o queremos ser hoy.


Una pequeña reflexión
Para terminar, hay un debate extendido por la comunidad lectora en las redes sobre los patrones, historias o personajes que se están repitiendo bastante, abres sin libro y es más de lo mismo que el que se hizo vitral y, es curioso, pero éste también se hace viral. Lo único que quiero decir es que tampoco hay que hacer demasiado drama y entender esto como lo que es, ya ocurrió con los vampiros cuando Crepúsculo y con las distopías en mi década favorita y ocurrirá mañana, así funciona el mercado. Nuestra labor como lectoras, es consumir lo que nos salga del papo, pero no olvidarnos y tener la convicción de que, a pesar de todo lo viral, de todo lo que las grandes editoriales te quieran meter en las narices, hay más, muchas historias más. Ten la certeza de que hay más vida antes, durante y después de lo viral. Encuéntrala.


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